martes, 24 de enero de 2017

Lo vivido que nadie me lo quite.

Alguien dijo una vez esta frase …, “A lo mejor para el mundo no eres nadie, pero para alguien, eres todo su mundo”, esta frase se podría traducir de esta manera para comprender lo que es el fin de semana cidiano .., “ A lo mejor para el mundo, esta fiesta no es nada, pero para los cidianos, es todo un mundo”, pues bien, eso es lo que nos pasa a los cidianos, a los devotos del Cid.

Conocía esta fiesta desde hacía 4 años más o menos, pero desde hace tres años no empecé a asistir, el primer año que fuí, solo pude ir un sábado por motivos personales, hice grandes amistades y me dijeron que para el año siguiente, fuese todo el fin de semana y así fue, en el 2015 me fui desde el viernes hasta el domingo, un fin de semana donde volvía a mi niñez, a mi infancia, a disfrutar de todo aquello que de alguna forma me marco, Rodrigo Díaz de Vivar, aquel caballero burgalés que sin darse cuenta, marco la vida de muchos.

Yo estaba a mi aire, a mis anchas, seguro que más de uno iría pensando … mira ese haciendo el ridículo con un traje por toda la ciudad …, pero no, el ridículo lo hacían ellos porque yo me metía en la fiesta de lleno, participando de alguna manera en un reconocimiento que se le hacía al buen caballero cristiano, al cual muchos llamarón Cid Campeador.

Al año siguiente, en el 2016, decidí que en vez de tres días fueran cuatro, para empaparme de la magia de Burgos, descubrir cómo es esta ciudad después de una de sus fiestas. Un día antes, o sea, el jueves, Juan Francisco Diez, miembro de la Asociación Vivar del Cid y compañero cidiano me pregunto: ¿Raúl, que te parecería ser uno de los guardianes de la tumba del Cid de este año?, yo sin saber que decir, solo supe decir que estaría encantado sabiendo él de la devoción que siento por el Cid, acto seguido, se me cayeron dos lagrimones que ni yo mismo me podía creer.

El sueño estaba a punto de cumplirse, la mejor manera de rendir cuentas a aquella persona por la cual desde pequeño había sentido devoción estaba a punto de realizarse y que mejor manera que ser uno de los guardianes de su tumba. Supongo que no todo el mundo puede decir que ha cumplido sus sueños, pues bien, yo SI y lo digo en voz alta.
Llegue a Burgos el día 30 de Septiembre pronto, mi viaje había sido tranquilo como cada vez que voy a la bella ciudad burgalesa, siempre sigo un mismo ritual: visito a unos amigos que trabajan en el Consorcio Camino del Cid: http://www.caminodelcid.org/ y de ahí voy a Vivar del Cid, la bella localidad en la que se cree que nació el Cid Campeador, se cree porque el único documento que menciona a esta localidad es el Poema de Mío Cid. 

Hago las visitas oportunas no sin ello dejar de llorar y acto seguido fui al monasterio de San Pedro de Cardeña, https://www.monasteriosanpedrodecardena.com/ a visitar a otro gran amigo, acto seguido, quede con otra amiga mía para comer, y hospedarme donde me suelo hospedar, la rutina siempre suele ser la misma, por la tarde visita de nuevo a Vivar del Cid y seguir visitando a grandes amigos, el día es muy normal.
Al día siguiente, la primera gran cita: el desfile de asociaciones por un recorrido establecido por las calles de Burgos. Desfilando como miembro de la asociación a la que pertenezco y con orgullo y para empezar a redondear mi gran fin de semana, teniendo el honor de ser la pareja de desfile de mi gran amiga la alcaldesa de Vivar del Cid, doña María Esther López Ortega, todo un honor desfilar a su lado como buenos amigos que somos, después del desfile tocaba una de las cosas mejores que puede ocurrir en un fin de semana medieval, participar, interactuar con todo lo que genera una fiesta medieval, fotos con gente que te pide hacerse fotos y sobre todo hacer disfrutar a toda esa gente que te ve con unas telas puestas.

Y llego la noche y el desfile nocturno, tal vez no están vistoso como el de por la mañana, pero a mi parecer, el más espectacular por el tema de las antorchas, cada miembro de los que desfila porta una antorcha y hace un recorrido diferente al desfile de por la mañana, una especie de procesión donde todos vamos en silencio salvo la melodía de algunos músicos tocando unas especie de leitmotiv, el recorrido, acaba en la estatua del Cid en la plaza de Mío Cid.

Esa noche no había dormido, nervios o tal vez que no tenía mucho sueño, y llego eso de las 7 de la mañana, tal vez de lo nervioso que estaba, decidí ir a dar un paseo cercano por Burgos, para ver los restos de la fiesta de la noche anterior, lo típico, gente borracha que no saben beber, como decía un viejo compañero de trabajo …, Para saber beber hay que saber mear. Y sobre las 8 de la mañana, me puse la vestimenta que iba a lucir y salir a recoger a un compañero para relajarme un poco dando una vuelta por el casco antiguo y hacernos las fotos de rigor, curioso fue ver como un grupo de orientales se volvían locos haciéndose fotos con nosotros. Y llego eso de las 11:30 – 11:45, los guardianes nos pusimos en posición y detrás de nosotros las diferentes asociaciones que iban a participar, yo solo sabía decir para mi interior: -“Jefe” esta es la manera que tengo de rendirte honores-, mi cuerpo se estremeció, cerré los ojos y mire hacia arriba mientras replicaban las campanas de La Santa Iglesia Catedral Basílica Metropolitana de Santa María, en mi interior algo extraño estaba empezando a pasar, mis lagrimas empezaban a brotar sin darme cuenta mientras oía con fuerzas esas campanas anunciando que las puertas de la fachada principal se habrían y que los primeros en entrar íbamos a ser los Guardianes de la tumba del Cid, y entre esos guardianes un servidor que con orgullo portaba un escudo en su brazo izquierdo como diciendo …- Señores, aquí entra uno de los más fieles servidores y devotos del Cid.-

Acto seguido, nos pusimos en cada esquina de la tumba del buen caballero burgalés mientras oíamos una música de fondo y veíamos sin darnos cuenta como el resto de asociaciones se iban colocando en su sitio, mi mente puesta en un solo pensamiento, ese pensamiento de poder cumplir un sueño, tal vez el más importante de mi vida, a lo mejor para otras personas el ser guardián no era gran cosa, pero esa gente no sabía lo que yo estaba viviendo por dentro. Dicen que una imagen vale más que mil palabras, si pudieran hacer una radiografía de lo que yo estaba viviendo por dentro, harían falta dos álbumes y aun así nos quedaríamos cortos.

En algún momento de la misa mi cara era un espectáculo al ver como mas de una persona pasaba por encima de la tumba del Cid, si me hubieran dejado, más de uno hubiera salido trasquilado e hubiera salido volando por cualquiera de las tres puertas que tiene la catedral de la ira que yo tenía encima al ver tal atrocidad, mientras tanto seguía aguantando los empujes de la gente a veces estúpida, a veces insolente, empujaban como queriendo cotillear y a mas de una de esas personas le puse cara de pocos amigos al abrir de una manera exageradamente mis ojos de la furia que tenía dentro de mí y que como guardián que era tenía que comportarme.

La misa dura aproximadamente unos 60-70 minutos más o menos, la primera mitad, lo típico en las misas, una misa dedicada a la familia, lo típico, la última mitad, una misa dedicada al buen Campeador para hacer acto seguido donde se hacía la ofrenda floral a la tumba del Cid, en este caso, las ofrendas que se hacían eran realizadas por Marco Gassarino y su esposa que bien representan con orgullo al Cid y a doña Jimena en las fiestas que se hacen en Europa, seguido de un sequito de personas que llevan supongo determinados objetos que así lo requiere la misa. Todo ello, acompañado por lágrimas que votaban de mis ojos y que aún no habían explotado.

Y llegó el momento, se acabo la misa y los guardianes salíamos al exterior haciendo el mismo recorrido que hicimos al entrar. Una buena amiga mía que sabe de mi devoción por el Cid, nada mas verme me pregunto: - Raúl, ¿Qué tal la experiencia, que tal la misa?, como imaginando que iba a pasar, yo solo supe decir: - Ufff- y acto seguido rompí a llorar como jamás antes había llorado antes, mi cuerpo, mi mente, todo en mi exploto, ella me abrazo sabiendo lo mucho que significaba para mi ese momento, mucha gente que me conocía hizo lo mismo, sabiendo lo mucho que sentía o que yo vivía la pasión por el Cid, tal vez no era a lo mejor el mayor devoto del mundo, o tal vez si, quien sabe, pero aquel momento que yo estaba viviendo era mi momento, nadie me lo podría arrebatar jamás de mis recuerdos, de ese espacio que se estaba viviendo.

Después de ese momento vino las fotos oportunas, todo ello con lagrimas en los ojos que no quería borrar de mi rostro, quería que la gente viera hasta que punto hay personas que sienten devoción por algo, fue en aquel momento cuando comprendí la devoción que sienten los andaluces en las procesiones de sus vírgenes, de sus cristos. El resto del día transcurrió con normalidad entre amigos y entre gente que pedía hacerse una foto conmigo o con cualquiera de mis otros amigos cidianos.

Foto curiosa la que nos hicimos ante la estatua del Cid y como algunos coches se paraban para hacernos las fotos. Fue el día en el que me despedí de algunos amigos que marchaban ese día, con los cuales había pasado un fin de semana bestial, a mí aun me quedaba un día más por disfrutar.

Después de un largo día tocaba descansar, al día siguiente tocaba lo más triste, la visita de un par de lugares en los cuales tenía grandes amigos, la primera visita fue al Monasterio de San Pedro de Cardeña y casi que recibir una ostia de uno de los frailes al entrar de rodillas ante el sepulcro del Cid y de su esposa jajaja, después una visita a las bodegas donde hacen un vino de calidad excelente y llego el penúltimo momento, tal vez el más triste de todos, la despedida de uno de los grandes cidianos, por no decir el mayor cidiano que pueda existir. Fui a Vivar del Cid en compañía de unos buenos amigos y llegue a su casa, con gafas de sol puestas para disimular mis lagrimas, llame a su casa y gustosamente me abrió la puerta Javier Alonso, si tuvieran que poner una imagen a la palabra: Nobleza, tendría que salir él, porque es nobleza y muchos sinónimos mas, de rodillas como acostumbro hacerlo cada vez que le veo me despedí tal vez hasta el año siguiente y marche con lagrimas en los ojos para hacerme las últimas fotos ante el bello monumento dedicado a su vecino más ilustre, al Cid, después de las oportunas fotos llego el momento, las despedidas de aquellas persona que aun quedaban conmigo, la despedida fue triste pero con la esperanza de volver a verles al año siguiente.


Mi marcha hacia Madrid fue triste, triste porque dejaba tras de mí una ciudad, una ciudad que embruja, que maravilla por todo, por su historia, por su cultura, por su gastronomía y por sus gentes y sobre todo por el significado que tiene para mi, con lagrimas en los ojos me esperaban tres horas de camino hacia mi lugar de origen pero siempre con el pensamiento de volver de nuevo a ver al que llamo cariñosamente mi “jefe”, mi “Dios”.

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